martes, 18 de febrero de 2020

Ha llovido mucho

Dejé de llevar la cuenta de los días que pasaban. Pasó que, poco a poco, sin darme cuenta, la comida empezó a ocupar un segundo plano en mi vida y todo se fue normalizando. Jamás pensé que pudiera estar escribiendo esto.
No voy a decir que dejé de preocuparme por engordar, porque no sería cierto, pero sí que mi cuerpo se ha convertido en mi hogar, no un sitio del que quiero escapar. Nos llevamos bien, nos hablamos, nos escuchamos. Siempre intentaré adelgazar, pero ya no con aquel afán desesperado de tantos años. Hoy día he bajado de los 60 kilos, más o menos en el peso de antes de mi gran crisis bulímica y es un peso que no me cuesta mantener. A ratos bajo un par de kilos, a ratos los vuelvo a subir, pero no me genera ansiedad comerme una pizza, vamos compensando, amo este hogar que tengo y lo trato lo mejor que puedo.

La historia con aquel chico terminó, no podía ser de otra manera. Y hace dos años empecé una relación que no atraviesa su mejor momento. De hecho no se si ha terminado, de hecho he vuelto a estas líneas buscando distracción a la des-esperación que me provoca la espera. Le quiero, con ese amor maduro que a ratos se vuelve infantil y desesperado como entonces, vestigios de un pasado oscuro y doloroso... demasiado tiempo, demasiadas heridas. Espero que él sepa verlo, espero que nos de la oportunidad de seguir queriéndonos, creciendo y disfrutando juntos. No quiero pensar que no será así. Sin embargo, si no lo es, seguiremos adelante, como lo hemos hecho siempre, como lo haremos siempre, porque no tengo otra cosa que hacer de aquí en adelante, que seguir viviendo, aprendiendo y creciendo.

Si has llegado hasta aquí buscando solución a tu problema de bulimia, tengo que decirte que sí, que es posible, que es poco a poco, como se cuecen todas las cosas bien hechas, a fuego lento. Y, un día, sin darnos cuenta, ya no está, ya se ha ido, como los grandes amores, como las personas que se fueron, como tantos dolores y heridas que se cierran y mueren. 

lunes, 5 de octubre de 2015

1 año y 200 y pico días. Ayer vomité de nuevo

Estoy en una época de muchas cosas de las que ocuparme y eso me genera una gran ansiedad. Conocí a un chico en Abril y estamos juntos desde entonces. Él vive lejos, lo que me permite tomarme esta historia con calma y no salir corriendo a buscarle porque no está precisamente a mano. Tengo muchísimo trabajo y dentro de 3 semanas me voy de vacaciones y dentro de dos tengo boda. Oh! horror de los horrores. Y la reflexión es: Ya he bajado 5 kilos de los que puse durante mi recuperación. Estoy estupenda físicamente, gordita pero fuerte y formada por el deporte. El vestido de la boda de mi hermano me queda bien y, aun así, hago un intento desesperado por adelgazar 5 kilos en dos semanas, lo cual lo único que consigue es hacerme engordar. Pero, ¿para qué? ¿Por qué no dejo de sentir esa absurda necesidad de embeber mi cuerpo hasta desaparecer. ¿Acaso no quiero que me vean? ¿Acaso pienso que no me verán?....

Me tome un antiinflamatorio para el dolor de la regla que me destrozó el estómago, lo tengo inflamado y abultado. Toda yo soy eso. Quizás sea cierto, me sigue dando miedo que me quieran, tener a alguien en mi vida que pueda conocerme con todas mis miserias. Pero esta soy yo, con lo bueno y lo malo, con el dolor y la alegría, toda esa soy también yo...

jueves, 5 de marzo de 2015

1 año y 33 días. Hoy he vomitado

No voy a hacer un drama, porque no lo siento así. 
Me levanté algo pachucha, quise ayunar, pero por la tarde tenía mucha hambre y ansiedad. Ya venia de 5 días de ayuno de sirope de savia.Tanta que me comí un sándwich con surimi y abrí una lata de atún que había por ahí. Hacia dos años que no tomaba nada de pescado. Tampoco haré un drama por eso. Siempre dije que el día que me apeteciera, lo comería. 
Resolví el antojo y tampoco significó nada. Mas bien me ha sentado algo mal y el bizcocho de despues aun peor. Comí tanto y me sentí tan llena que no me apetecía estar así todo el día.

No me ha costado nada. Ha sido fácil. Olvidaba lo liberador que resulta vomitar cuando te sientes tan llena. Pero no lo volveré a hacer. No me compensa. La alimentación desordenada me desordena la mente. 

Y respecto al ayuno, pensé que podría estar 10 días pero al sexto me dieron muchas ganas de comer y desembocó en ansiedad, lo que ha hecho que la salida del ayuno no haya sido todo lo gradual que debiera. A partir de ahora haré los ayunos de 5 días y he de encontrar la manera adecuada de salir de ellos.

Sigo obsesionada con la idea de adelgazar, pero eso es algo, que parece que me va a llevar bastante más tiempo...

martes, 27 de enero de 2015

-4 días...

Dentro de 4 días hará un año que vomite por última vez. Pero hoy me siento triste. Estoy haciendo intentos desesperados por adelgazar y no funciona ninguno. Cuando llego a casa ceno el equivalente a la comida de todo el día. Hoy me he comido 3 paquetes de galletas de chocolate. Me esfuerzo en el crossfit, aumento mi fuerza, pero ni la ropa ni el espejo reflejan ningún cambio. ¿Qué hago? ¿Cómo lo hago? Estoy harta de hacer planes, de gastar dinero, de empezar un día y otro y otro también... Estoy cansada de buscar una ayuda que no me sirve. Lo sigo intentando pero no lo consigo y ¿por qué? ¿Qué me pasa?

martes, 16 de diciembre de 2014

340 días. Siguen los recuerdos

De pequeña siempre quería ir en pantalones, o no, porque tampoco me gustaban los pantalones cortos porque se me subían a la entrepierna. Pero recuerdo los leotardos en invierno como un calvario.   Me quedaban siempre pequeños y nunca subían, con la incomodidad que eso suponía. Creo que pensaba que no había leotardos mas grandes y que por el hecho de ser gorda nunca podrían quedarme bien. 
De mayor he descubierto dos cosas: una, que a todas las niñas se les caen los leotardos y dos, que ahora los prefiero a los pantalones. Disimulan mis muslos y me siento más cómoda. Increíble los recuerdos que uno puede tener de su infancia. 
Hoy no he ido a trabajar. Cada vez soporto menos la idea de buscar algo que ponerme y enfrentarme al espejo y las estrecheces. Después, ya vestida, me he dado cuenta que puedo estar incluso mona... Aunque nunca llegue a creérmelo mucho. 
He decidido que me voy a apuntar a la eternal race con mis compañeros de crossfit, faltan tres meses, puede que una meta de esas características me haga comprometerme conmigo de una vez. Puede que si, que esta vez, lo consiga...

jueves, 11 de diciembre de 2014

335 días. Afloran los recuerdos

Hoy buscaba un jersey de cuello alto para combatir este primer invierno frío después de tantos años. Ahora los adoro pero de pequeña no los soportaba. Me agobiaban y me hacían sentir muy gorda. De pequeña era bastante redonda, bastante más que ahora y un jersey de cuello alto no hacía más que recordármelo intensamente. Una vida entera viviendo en un cuerpo que no te gusta... ¿Cómo puede uno fingir que eso no es importante? ¿Cómo puede alguien pensar que un comentario hecho con desdén acabará con una tortura semejante?
Hoy me duele la espalda. Ya no se si es real o son excusas que se inventa mi cuerpo para no moverse, para poder seguir compadeciéndose, para entrar en espiral de abandono y lástima.
Esto no puede seguir así. Algo tiene que suceder...

miércoles, 10 de diciembre de 2014

333 días o 334...

Cuando era adolescente siempre pensaba que mi casa tendría un rincón con cojines, tipo hindú, tipo marroquí, tipo chill out. Acabo de recordar que incluso puse un rincón así en la primera guarida que tuve con mi pandilla adolescente. Creo que por entonces ni siquiera sabía lo que era el chill out; es más, seguramente ni existía y mucho menos sabía de la cultura hindú. Supongo que ya entonces soñaba con volver a casa, no a las cuatro paredes que me vieron crecer, sino a la matriz, al origen, al hogar del que procedo. 
Insatisfecha desde que recuerdo, rebelde ante la injusticia, la crueldad, el desprecio. Un salmón nadando contra la corriente de la vida. 
Puede que tantos años hayan agotado mi paciencia, puede que hayan colmado el vaso de las embestidas que uno puede superar. No lo se. 
Sin embargo, cada día, me regalo una dosis extra de paciencia, un rayo de resplandeciente esperanza con la que colmar mis desánimos. Por eso me voy a la cama triste, pero decidida a que el día siguiente será diferente, a que mañana me regalará un nuevo hoy en el que sentirme plena, por fin. Por eso pienso que si en 100 días decidí que no volvería a hacer algo que hice durante 12 años, puede que necesite 200 para dejar de hacer lo que hago hace 23, que es atiborrarme, desbocar la comida en mi mente y sucumbir a la tortura de engullir sin pensar siquiera o precisamente para no pensar.

Cuando escribo esto vuelvo a esperanzarme. Decido que mañana tendré un nuevo día uno, que me daré 200 días o 400 o 500 para decir adiós a mi tortura particular. Me regalo esa idea, me entrego a la esperanza, me lo permito, me lo merezco.