martes, 31 de diciembre de 2013

Día 2 ending. Ending 2013


Termina 2013, mi segundo día de no atracón-vómito y mi segundo día de ayuno de agua. Apenas me ha empezado a doler la cabeza, salvo eso y el frío que realidad hace no es estoy notando más efectos. Espero dormir muchas horas, como ayer. 
No voy a dejar que mi mente gane. Voy a construirse frases que me ayuden en mis momentos de locura:


- Sólo tienes que dejar que pasen los días. Cada vez será más fácil.
- El gluten, sobretodo el trigo, está prohibido para ti. Te hace perder la cordura. El trigo y el azúcar.
- No dejaré que una adicción me haga esclava.
- Alimentarse es una necesidad y un regalo y debe hacerse con amor.
- ¿Estás aburrida? ¿Ansiosa? ¿triste? ¡Canta! ¡Baila! ¡Sal a correr! ¡Haz deporte! ¡Vete al mar! ¡Llama a alguien! Todo vale. ¡Comer NO es una opción!
- Sí esperas un rato, la ansiedad se calmará. Vete a pasear a la calle, sin dinero!
- Duerme, apaga el hambre, la tristeza, la ansiedad.
- Eres divina, maravillosa. Merece todo lo más hermoso que haya en la vida. No podrás disfrutarlo sí estás ocupada en sentirte mal, sí dejas que la bulimia pueda contigo.
- El ayuno te ayuda a centrarte, sólo tienes que dejar que pasen los días y los tóxicos se vayan del torrente sanguíneo y dejen de nublarte. 
- Descansa. Mimate. Está vez lo vas a conseguir. Ya has hecho el trabajo. Te quieres, te mimas. Es sólo cuestión de dejar pasar los días. La adicción desaparecerá igual que vino. Sí tú la creaste, tú puedes sanarla.
- (.......) 
Entrada abierta (...)

Día 2. Breatherians


Hace algo más de un año hice la iniciación al kriya yoga. La swami que lo impartió es breatherian, se alimenta del prana, de la energía universal, del sol. Hacía 9 años que sólo tomaba un zumo de naranja por las mañanas y té verde durante el día. 
A veces he pensado que me gustaría no necesitar la comida, libre del apego q supone tener que pensar qué comer, cuándo, dónde, con quién... La libertad...
Pero para poder vi ir del pana hay que estar muy conectado con el universo, renunciar a todos pos apegos y vivir una vida por encima de lo terrenal... Seguramente es una vida maravillosa, sin sufrimientos, sin dolor, sin ansiedad... Hoy por hoy me conformó con seguir siendo o, mejor dicho, empezar a ser, yo. Definir quién se esconde detrás de mi cara, de mi ropa, de mi cuerpo. Sacar la esencia de mi alma, las cosas que me gustan, lo que me hace feliz y llevarlo d bandera. Sí uno lleva una bandera no cabe duda de quién es ni de dónde es. Eso es lo que quiero, sin excusas, sin adoctrinamientos, sólo yo, para no tener que volver a ponerme la careta, para no tener que fingir y quedarme de nuevo exhausta, sin energía para doblegar los apegos. Eso quiero y es eso justo lo que tengo que hacer.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Día 1. Una nueva vida


Los humanos hemos necesitado siempre marcar nuestros momentos. Poner límites a nuestra vida, medir el tiempo, como si no fuera suficiente tener la conciencia de saber que nada es eterno, que el tiempo pasa, que el camino de la vida es siempre hacia delante, sin la posibilidad de volver atrás, ni para coger impulso. 
Hoy es mi día 1, apenas ha amanecido pero ya se que hoy no me atracaré ni vomitaré, me alejo de las fiestas y de la familia para obligarme a no comer, para centrarme, para conseguir arrancarme de este pozo de desesperación en el que llevó años sumida, en ese que ahora se está convirtiendo en mi cárcel. 
No estoy ilusionada, no es una excursión ni un nuevo trabajo o una nueva casa, ni una nueva relación, aunque sí es un viaje, un viaje que tengo que hacer para no volverme loca: el viaje de mi curación, de la superación de esta enfermedad. Me gustaría que no hubiera pasos hacia atrás, ni caidas, ni lamentos, pero no lo se. Sólo se que hoy estoy firmemente decidida a dominar a mi mente, a arrancarme las ideas antes de volver a caer, a curarme, a dejar de ser esclava de algo tan absurdo como la comida. El ser humano debería ser libre, libre de sus deseos, de sus instintos, de sus necesidades, libre de sí mismo. DESAPEGARSE hasta de la propia fe, como dijo Buda. 
Buen viaje, Karola. No será fácil, pero este viaje cariño, no tiene vuelta atrás, ya no. Te lo mereces todo. Te mereces la libertad, la consciencia, la vida.
Ahora aún no hay hambre. Volveremos a hablar cuando el hambre hable. El hambre o la sensación de estómago vacío, porque qué se yo, al fin y al cabo, lo que es el hambre... Será entonces cuando apriete la mano de mi carcelero para que su compasión y mi firmeza me hagan libre, para siempre.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Sólo 100 días. Día 0

En este nuevo intento por salir de la enfermedad he decidido que voy a hacer las cosas diferente, para obtener resultados diferentes, como dijo Einstein. Entre las cosas nuevas que he hecho y haré son estas:

- Contarlo. Lo intenté, pero nunca lo había contado. No como ahora, no con la conciencia de que los demás lo saben y preguntarán. Eso me ha aliviado, por una parte y por otra me hace obligarme a buscar soluciones para salir, para no seguir un día y otro en este círculo sin salida.

- Buscar ayuda profesional. La endocrino me mandó al psiquiatra. El psiquiatra no me gustó pero buscaré a otro y a otro y a otro hasta que de con uno que me entienda o al menos lo finja lo suficiente como para que yo me lo crea.

- He empezado a escribir este blog y a buscar otros blogs que cuenten experiencias similares. En esa búsqueda me he topado con muchos blogs de chicas desesperadas por la anorexia y la bulimia. Testimonios desgarradores acerca de cuanto daño puede hacer esta enfermedad. No los leo, no quiero hacerlo. Necesito testimonios inspiradores de personas que lo hayan superado, que hayan podido porque se que si alguien pudo antes, YO TAMBIÉN PODRÉ. 
Hasta ahora solo he encontrado uno:


Me vale, si esta chica pudo, yo también podré. Así que voy a poner en práctica su técnica: solo 100 días, 100 días seguidos sin hacerlo, sin atracones, sin vomitar. 

Empiezo mañana porque hoy lo he hecho, jurándome como tantas veces que sería la última vez. No voy a fustigarme con eso. Mañana me voy de retiro, ayunaré durante tres días, algo que nunca debe hacerse si sufres esta enfermedad, pero algo que tengo que hacer para poder subir un escaloncito, para poder sentirme un poquitito mejor, lo suficiente como para ser capaz de volver a sonreir al menos una vez al día. Ya, ya se que puede que vuelva a ser un autoengaño, pero ya me ha funcionado alguna vez así que ¿ por qué ahora no?. 

Haré otras cosas:
- Volveré a meditar asiduamente. 
- Conocí a una chica que dirige meditaciones para la integración emocional. Cuando vuelva de las vacaciones la llamaré para empezar a ir con ella una vez por semana.
- Me centraré en el deporte: crossfit, yoga, correr, bucear.
- Ir a la playa una vez a la semana.
- Ir a la montaña, senderismo
- Decir sí, siempre que me propongan alguna actividad que me suponga distracción.
- Escribir este blog siempre que me sienta con ganas de volver a comer.
....................

Mañana empiezo mis 100 días que terminan el 8 de abril. 
Tú puedes Karola. Si alguien pudo, Tú también!!!!

Casi me rindo pero no me rendiré.

Que el 2014 traiga paz a mi alma.


martes, 24 de diciembre de 2013

Nochebuena

Nochebuena. Mesa repleta de comida, turrones a tutiplen. Hoy todo el mundo come demasiado pero no todos van después a vomitar a la ducha ¿verdad? Vomitar es una manera de aliviar la culpa por haber comido demasiado. No soporto sentirme hinchada durante horas esperando qué mi pobre y maltrecho  sistema digestivo consiga procesar todo cuanto he engullido. Y no importa qué hayan sido dos lechugas y medio pepino. Angela Stokes tiene razón: cuando comes compulsivamente lo harás con bombones y con pimientos. El caso es engullir. Vomitar es un asco, lo se pero y ¿comer sabiendo lo mal qué me sentará? ¿sabiendo q engordaré? No quiero pensar, sólo quiero que sea mañana. Sólo quiero despertar y creer qué mañana será diferente. Sí, Karola... Feliz Navidad...

lunes, 23 de diciembre de 2013

A veces la vida es una muerte lenta

Por mi cabeza ha pasado la idea del suicidio, por supuesto. No hay deprimido que se precie que no lo haya contemplado. La vida se hace tan cuesta arriba q es como morir despacio. Una penosa muerte en vida que te consume cada día. A veces imagino q por una vez la vida me lo pone fácil y tengo un accidente de coche, así no iré al infierno de los suicidas, así no acumularé mal karma, no sea q la próxima vida sea aún peor q esta. Otras veces, cuando tomo alguna pastilla para dormir, fantaseo con la idea de no despertar nunca y esa idea me produce un gran alivio. Me gustaría dormir y dormir, caer en un profundo sueño y despertar cuando todo haya pasado, cuando ya sea yo, cuando haya dejado de ser el despojo de persona q a veces me siento. Analizo mis sentimientos intentando averiguar que fue de mí, en que momento me perdí... Ojalá consiguiera averiguar qué se torció en el camino... Ojalá no sea verdad que el fantasma de la comida va a perseguirme siempre. Ojalá un día mire hacia atrás y recuerde en la lejanía q una vez padecí bulimia, ojalá crea q fue un sueño, una pesadilla lejana como siempre desee que fuera. Mi vida ha cambiado, ahora es real, lo he reconocido y es una realidad. Ya no puedo fingir q soy algo q no soy y que nunca fui. Dime, dios, ¿qué será ahora de mí?

sábado, 21 de diciembre de 2013

Reflexiones desde el infierno

A veces me aburro de mi misma. Me sorprendo una y otra vez autocompadeciéndome, esperando que venga alguien a decirme lo que yo ya se. Hoy he reaccionado a tiempo. Vale ya! Deja de lloriquear! Vístete y sal a tomar el sol, a disfrutar del aire, de la tierra, de la vida!! Pero eso no ocurre siempre, la mayoría de las veces este aburrimiento me lleva a sentarme al sofá y a comer...

Ayer repasaba mentalmente la conversación que quiero tener con mis hermanos, ensayaba maneras diferentes de contarle mi problema. Me planteaba cómo empezar para no asustarles, para no ser radical, para no despertar en ellos la necesidad de rescatarme a costa de cualquier cosa. Intentaba buscar una explicación a cómo empezó todo esto y recordaba aquel verano con 15 años, cuando me sentaba delante de la tele. El aburrimiento me engullía y yo engullía para superarlo. Y puedo sentir la sensación placentera de comer cuando no hay nada mejor que hacer y me di cuenta de que, mientras comes, no sientes nada. Todo tu cuerpo se entrega al acto de la ingestión-digestión y tu mente está ocupada en eso. Comer para no pensar... para no sentir... Supongo que fue entonces cuando descubrí que comer resultaba un buen remedio para cualquier cosa. Conseguía ocultar la soledad, la apatía, el aburrimiento, el desánimo... y con los años el desamor, las ofensas, las crisis profesionales... se convirtió en una fórmula magistral para vencerlo todo, así que supongo que eso es para mi el acto de comer o engullir.

Aquel verano de los 15 años puse unos 7 kilos. Reaparecí 3 meses después embutida en una minifalda y entonces empezó todo o eso creo. Entonces empecé a ver las miradas, oír los comentarios y el círculo vicioso al que te enfrenta la comida. Comer, engordar, arrepentirte, sentirte desgraciada y volver a comer. Tengo 38 años, llevo 23 subida a esa noria sin sentido.

Anteayer asistí a un discurso en el que comentaron una escena de Alicia en el país de las maravillas: ella corría en círculos sin destino. ¿Para qué corro- se preguntaba- si no consigo llegar a ningún sitio?. Para llegar a algún lado- decía el ponente- no vale con correr en círculos, hay que ir más rápido. Escapar- pensé yo- Correr más rápido para escapar de mi misma y de mi círculo de estos 23 años de mi vida. 

Esta mañana, mientras "desayunaba", experimentaba de nuevo la sensación de tiempo detenido. Con cada bocado lamentaba lo que estaba haciendo, me asomaban las lágrimas pero el siguiente bocado aliviaba ese dolor. Es una extraña sensación. 

Hace un par de años, mientras superaba una ruptura sentimental, encontré una postal que rezaba: "a veces la única persona que puede calmarte es aquella que te hizo llorar". A veces lo único que me consuela de comer, es seguir comiendo... Puede que sea eso lo que haya hecho de mis relaciones algo obsesivo, puede que buscando el símil con la comida, piense que la única persona que puede sacarme del desamor es aquella que lo causo. Retorcida conclusión esa, además de peligrosa. Es imposible que el origen del daño sea también la solución. IMPOSIBLE. 

No hay una sola causa para la bulimia. Nadie lo sabe, nadie lo entiende y menos quién lo padece. Yo, en mi afán por encontrar respuesta para todo, la sigo buscando. Busco, siempre busco y tengo que decir que muchas veces encuentro. Ese es mi afán de perfección, no el orden exquisito de mi mesa de trabajo o los cajones de mi habitación. Mi perfección llega por la búsqueda de respuestas hacia todo y todos. No existe el porque sí, porque yo lo digo, como tantas veces oí decir a mi padre. Todo tiene que ocurrir por algo. Todo pasa por algo, aunque en ese momento no sepamos verlo. Quizás ahora sé cuáles son mis causas, no hay un solo origen, no fue mi sobrepeso infantil, la depresión adolescente, la soledad adulta, las ofensas de mi padre. No fue ninguna de esas cosas pero sí todas a la vez y no existe una sola causa, sino todas a la vez las que me llevaron a ese tormento. Cuando uno está atormentado busca salida, donde sea, como sea, algo o alguien que consiga aliviar el dolor. No importa el precio, no importa el después, sólo importa mitigar el sufrimiento del momento, sin consecuencias. 

Quizás por eso el fin de mis relaciones se prolonga en el tiempo. No consigo decir adiós a algo que por un instante me causa placer. ¿Qué importa que después de acostarme con uno de mis ex o amantes me pase 2 semanas lamentándolo? Lo que importa es que en ese momento alivia el dolor, la soledad, el desamor, la apatía. El sexo es mi comida en esos momentos, quizás por eso en mis fases de inicio de relación controlo mis problemas con la comida, tengo un sustituto, un opiáceo maravilloso que me llena más que comer, hasta que se convierte en obsesión, igual que comer, hasta que deja de ser sano para convertirse en algo enfermizo, dejo de alimentarme para empezar a engullir, a absorber a la otra persona y es ahí cuando empiezan los problemas y el círculo vicioso. Cuando uno ama demasiado es como cuando come demasiado: no puede salir bien, siempre habrá consecuencias. En la vida, en el amor, en la comida, hay que aprender a mantener el equilibrio y en eso estamos... 

Mi tendencia siempre fue la de vivir subida a una montaña rusa, los cambios, las mariposas en el estómago que la mayoría de las veces se convierten en gusanos, los vuelcos en el corazón, buscar un desafío...

"Si yo lo he creado, yo puedo sanarlo".

"Uno no está enfermo por falta de voluntad".

"Lo mejor para vencer un mal hábito es sustituirlo por uno bueno".

Por eso mis problemas con la alimentación siempre mejoran cuando tengo algo que hacer: cuidar de mi madre, buscar soluciones al problema de alguien, pero siempre algo relacionado con el prójimo. Eso me hace levantarme, apartar la comida y poner mis sentidos a currar. Cuando se trata de mejorar algo en mi vida vuelve la ansiedad, el desasosiego, el comer. ¿Qué es? ¿Miedo al fracaso? No me da miedo fracasar cuando trabajo para ayudar a alguien porque siempre sé que podré y, sin embargo, nunca estoy segura cuando se trata de ayudarme a mi misma. ¿Acaso creo que no soy merecedora del mayor esfuerzo para ayudarme? ¿Acaso creo que el universo no me ayudará si me ve trabajar para mi? 

¿Por qué estoy tan segura de que puedo ayudar a alguien y me da pereza ayudarme a mi misma? ¿Es el sentimiento de soledad? ¿Me siento más acompañada ayudando a alguien que sanándome a mi misma? Con los demás me crezco y conmigo me hago pequeña pequeña... 

Tengo que seguir reflexionando acerca de esto... 
Ahora mismo esta incertidumbre también me da ganas de comer...

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Y a veces hay esperanza

Durante 20 años de mi vida he ocultado a mi familia mis problemas con la alimentación. Durante los últimos 11, mi enfermedad: la bulimia. Pensé que me moriría con el secreto, bien por superarlo, bien por vergüenza por contarlo. Pero hace unos meses conseguí confesárselo a una amiga y hace unos días a otra amiga. Ese mismo día fuí a una asociación para enfermos de anorexia y bulimia y se lo conté allí a la psicóloga. Hoy a mi tía, mi otra madre y también hoy he ido al endocrino y se lo he contado a la enfermera y a la médica. Y no puedo parar de llorar, y solo quiero contarlo, contarlo, contarlo para liberarme. Vomitar todo eso que me he estado guardando para mi, para que no me haga daño dentro. El dolor sale por mi lagrimal a borbotones y son lágrimas de alivio, alivio por poder decirle a alguien porqué no quiero ir a una cena de navidad, porqué no quiero ir a una pastelería y porqué no puedo estar sola en casa.

La endocrino me ha mandado al psiquiatra. Cuando he salido de la consulta con la cita para el psiquiatra, la analítica en la mano, las palabras de la médico de que me curaré y la promesa de mi tía de que se vendrá una temporada a vivir conmigo ha surgido de mi alma un pequeño brote de esperanza.

¿Por qué no has pedido ayuda antes? No lo se, le dije. Tenía tantas cosas que arreglar antes! Y es cierto, la bulimia me servía para liberar esos sentimientos de impotencia y soledad pero esos sentimientos ya no están y ahora se ha quedado el apego, la adicción y ya no hay excusa. Ya no hay desamores, ni miedos, ni inseguridades que ocultar tras la comida. 

Al salir del médico he vuelto a descontrolarme, el propio llanto despierta en mi la necesidad de comer. Es como una droga, me calma... 

Pero no me importa porque hoy han pasado muchas cosas, hoy tengo esperanzas. 
Gracias por estar ahí. 

lunes, 2 de diciembre de 2013

Cuando comer es un infierno.

Que me perdone Espido Freire por hacer uso del título de su libro en este blog, pero hoy empiezo a contar mi infierno particular y de momento no he encontrado palabras mejores. Ojalá este primer post fuera para dar esperanzas a todas y todos los que, como yo, luchais contra esto cada día. Desgraciadamente aun no puedo decir eso.

Llevo 11 años con mi cruz a cuestas, más de 20 con problemas de alimentación y hoy he decidido que comienzo mi viaje hacia la recuperación, que no quiero vivir más con esto. Lo he decidido muchas veces, he tratado de pedir ayuda, lo he intentado, pero hoy necesito creer que hay un antes y un después. Necesito fijar una fecha en el calendario para dejar de dar tumbos sin sentido, para fijar un objetivo, para empezar a creerme que, de verdad, esto tiene un final.

Si tú que lees esto estás en mi misma situación, te invito a que hagas el mismo propósito, juntas lo conseguiremos. Si acaso tú que me lees ya lo superaste, te agradecería infinitamente tu experiencia, porque espejos como ese son en los que quiero reflejarme.

Gracias a los que estais ahí. Sea como fuere, esto me servirá para sentirme más fuerte, TIENE que servirme, porque ya no puedo más, porque mi vida se desmorona y no vine a este mundo para sufrir.
QUIERO ser feliz,
ME MEREZCO ser feliz.