Nochebuena. Mesa repleta de comida, turrones a tutiplen. Hoy todo el mundo come demasiado pero no todos van después a vomitar a la ducha ¿verdad? Vomitar es una manera de aliviar la culpa por haber comido demasiado. No soporto sentirme hinchada durante horas esperando qué mi pobre y maltrecho sistema digestivo consiga procesar todo cuanto he engullido. Y no importa qué hayan sido dos lechugas y medio pepino. Angela Stokes tiene razón: cuando comes compulsivamente lo harás con bombones y con pimientos. El caso es engullir. Vomitar es un asco, lo se pero y ¿comer sabiendo lo mal qué me sentará? ¿sabiendo q engordaré? No quiero pensar, sólo quiero que sea mañana. Sólo quiero despertar y creer qué mañana será diferente. Sí, Karola... Feliz Navidad...
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