miércoles, 16 de julio de 2014

177. Hace tiempo que no los cuento

Es maravilloso estar liberada de la esclavitud de la comida. Es indescriptible la emoción que se siente al no depender de un pensamiento, de una reacción. Ahora como sin pensar en que o cuanto me engordará. Mi báscula se quedó en algún lugar del atlántico y me siento feliz por ello. Como cuando tengo hambre y paro de comer cuando no quiero más. Soy capaz de dejar sin terminar una bolsa de patatas fritas y eso produce una felicidad en mí que sólo los que lo han vivido pueden entenderlo. Algún día haré pública mi experiencia, a toda mi gente, porque me siento orgullosa, porque las victorias no son sólo tantos en un marcador de fútbol. Puede que lo haga cuando haya pasado un año, puede que cuando haya dejado de avergonzarme del todo, puede que nunca... Da igual. En mi pensamiento surgen palabras que recuerdan que fui comedora compulsiva durante más de 20 años, bulímica los últimos 12.
Ahora reconozco cuando como de manera emocional: cuando estoy enfadada, decepcionada, aburrida o me siento rechazada. Pero ya no atraco la cocina, como algo más de lo que quizás sería necesario pero se cuando parar y no me siento culpable por ello. Intentó racionalizar la emoción y en lugar de tomar azúcar, como fruta y en lugar de harinas, unas tortitas de arroz.
No se cuánto peso, creo que algo menos que a lo que llegué en mi proceso. Me importa, es cierto, pero bastante menos que antes, mucho menos en realidad. Aprendo a quererme cada día más y mejor. Afortunadamente nunca es tarde para casi nada en la vida.
Un abrazo a aquell@s que lees estás letras. Sabed que SÍ SE PUEDE!! ;-)

No hay comentarios:

Publicar un comentario